Sadako Monma

Sadako Monma

Cantar siendo profesora de guardería parece formar parte de la rutina. Hacerlo a 60 kilómetros de la mayor tragedia nuclear tras Chernóbil, en medio del caos y del miedo, se escapa del día a día. Sadako Monma lo hizo el 11-M de 2011. En Fukushima city (Japón) y ante alumnos de entre uno y seis años. Y después, el silencio. "Hasta que pasaron unos seis meses, todo había que ocultarlo. A partir de ahí, con sus palabras, hubo que dar consejos a los niños, recomendar que no jugaran al aire libre, cuidado con las comidas...". No vivió el ruido de las sirenas –"sonaron a 20 kilómetros de la central"–, pero se enfrentó a 23 caras que vivieron un día de clase que poco tuvo de habitual: "Aparentemente tenía que mantener la calma, son niños". Ella (48 años) es madre de dos en un país que ha vivido una tragedia "con paciencia, sin protestar, sin manifestar públicamente sentimientos, donde cada uno intenta superar ese día como puede". Asegura que no tiene pesadillas, aunque los recuerdos afloran. Sonriente y en una conversación donde apenas gesticula, dice que prefiere soñar. "Que no hubiera ocurrido nada, eso es lo que he soñado muchas veces desde entonces. Que nada de esto hubiera pasado". Y ya mira al futuro, sin perder de vista el presente. "Vivimos en la incertidumbre, sin saber si estamos contaminados". Eso a pesar de análisis periódicos, y en un país donde la percepción de la medicina tiene también mucho de peculiar. "Hay análisis que demuestran que ante dos personas en iguales circunstancias, si una es optimista tiene menos probabilidades de caer enferma". Ella no ha necesitado tratamiento, aunque afirma que muchos hospitales nipones han creado una unidad especial para afectados: "Muchos".

Mensaje

Entre todo lo que piensa y recuerda sobre el 11-M se queda con un "mensaje". Lo dirige "a los niños que van a nacer", y tiene que ver con una postura que mantenía antes de la catástrofe: "Tenemos que ejercer nuestro derecho como ciudadanos, hay que evitar que Japón se convierta en un gigante nuclear. Fukushima no es necesario". A pesar de que la procesión va por dentro, ve un Japón "conmocionado". Pero ella, un año después y a las puertas del aniversario de la catástrofe, se agarra a su vida diaria. A sus alumnos y a sus canciones: "Las cantábamos antes de la tragedia, lo hacemos ahora, y lo seguiremos haciendo".

Garoña, un precio impagable

Un accidente como el de Fukushima (150.000 desplazados y 28 millones de metros cúbicos de suelo contaminado) podría repetirse en cualquier central nuclear. Esta es una de las conclusiones de un informe elaborado por Greenpeace, que alerta de que "cada siete años de promedio se ha producido un accidente en el mundo de dimensiones graves o muy graves". La organización ecologista apunta al "cese inmediato" de la planta de Garoña (Burgos), en otro documento. El título, 'Garoña. El precio que no debemos pagar'.