Accidente en Buenos Aires

Accidente en Buenos Aires

Cincuenta muertos, casi 700 heridos y un caos de proporciones bíblicas. Las familias de las víctimas del accidente ferroviario de este miércoles en Buenos Aires naufragan en la búsqueda sin fin de los cuerpos de sus seres queridos.

Un día después de la tragedia, al dolor por la pérdida se une la indignación por la falta de información. Heridos sin reconocer, muertos sin identificar… la acostumbrada efervescencia de una ciudad, Buenos Aires, amortiguada ahora por el dolor de una nueva tragedia.

Liliana Nieva, enfermera, perdió a su mejor amiga y compañera de trabajo. Atiende a este diario con prudencia y coletazos de incredulidad. Gloria, su amiga, viajaba en uno de los vagones siniestrados. Tenía marido y 5 hijos.

Todos los días hacían juntas el trayecto hacia su lugar de trabajo, una clínica de rehabilitación. "Es un trayecto muy largo, demasiado", dice Liliana, que sufre, como muchos porteños, la situación cochambrosa del transporte público en la ciudad. "Este país no invierte en transporte, así nos va", remata.

La búsqueda de Gloria se prolongó hasta las 3 de la mañana (el accidente tuvo lugar a las ocho de la mañana del día anterior). Infructuosamente. Cuando llegó a casa, su amiga Liliana publicó una foto suya en Facebook y esperó. Nada. Habló por teléfono con el marido de Gloria, que seguía por su parte visitando una a una todas las morgues de la ciudad. De madrugada, Liliana decidió acostarse. A las 7 de la mañana del jueves recibió una llamada. Era Fabián, el marido de Gloria. Tras "24 horas sin noticias", por fin había localizado el cuerpo de su mujer.

La familia de Roberto Uribe prolongó algo menos la agonía de la búsqueda, pero no mucho menos. Dori Uribe, peruana de 24 años y prima de Roberto, lo relata a 20minutos.es: "Un familiar anduvo fotografía en mano visitando todas las morgues; sin foto no te dejaban pasar. A las 9 de la noche me llamó mi padre. Le habían localizado, era él seguro".

Roberto, como Dori, había llegado a Argentina procedente de Perú hacía casi 20 años. Tenía 40 años y era albañil. El día del accidente había cogido el tren por casualidad. "Habitualmente viaja en colectivo (autobús), pero le llamó su patrón para algo urgente y decidió subirse al tren, más rápido", explica Dori.

Tanto la familia de Roberto como la de Gloria siguen esperando que el Gobierno se ponga en contacto con ellos. "De momento", dice Liliana, "sólo nos han ofrecido ayuda psicológica, nada más". En medio de la conversación, Liliana recuerda aquel otro desdichado accidente que tuvo lugar hace unos meses, también en Buenos Aires. "Las tragedias en Argentina siempre quedan en nada, nadie se hace responsable de ellas", dice, "a ver esta vez...".

El Gobierno se querellará

Por su parte, el Gobierno argentino ha anunciado que se presentará como querellante particular ante la justicia para "defender el interés público" por la tragedia de la estación Once. "Acá no se generan esquemas de protección para nadie. Vamos a avanzar y a tomar la medidas que hagan falta en el marco de la justicia y la investigación judicial, todo dentro de la ley", dijo el ministro de Planificación, Julio De Vido.

Explicó que después de que se haga pública la decisión de la justicia el Gobierno tomará las medidas administrativas que considere oportunas.

"De ninguna manera vamos a tomar desde el punto de vista administrativo acciones que estén descontextualizadas del accionar de la justicia", agregó De Vido, cuya comparecencia había desatado intensos rumores sobre la posibilidad de que el Gobierno decidiera revocar la concesión a la empresa TBA, responsable de la línea donde ocurrió el accidente.