'Self-Portrait 'A la Marat'

'Self-Portrait 'A la Marat'

El simbolismo emocional de las obras de Edvard Munch (1863-1944) elevan a pionero del expresionismo al autor de El grito, su archiconocida obra creada en 1893, una década antes de que las vanguardias europeas tomaran forma. Pero pocos se han detenido a examinar al autor como a un artista del siglo XX, interesado en la composición y el lenguaje artístico de medios emergentes como la fotografía o el cine. La Schirn Kunsthalle, en la ciudad alemana de Frankfurt, expone desde este mes y hasta el 13 de mayo Edvard Munch. Der Moderne Blick (La mirada moderna), una recopilación de cerca de 130 obras que demuestran que en la carrera del artista, a pesar de haber comenzado en el siglo XIX, también hubo lugar para los nuevos lenguajes visuales. Además de óleos y dibujos, la muestra cuenta con cincuenta fotos y cuatro películas que descubren sus experimentos y la repetición de motivos en pintura, fotografía, cine e incluso escultura en una lista de motivos recurrentes indispensables para entender el conjunto de su obra.

En copias, revisiones y variaciones, Munch volvía a ciertos temas tras años e incluso décadas. Algunos eran biográficos, como en el caso de sus seis versiones de El niño enfermo, fruto de las trágicas muertes por tuberculosis que vivió en su familia. Otros son más difusos, como las siete versiones de Chicas sobre el puente, las diez de la vampiresa y la mujer desnuda llorando de pie junto a una cama. En este último caso produjo entre 1906 y 1930 seis pinturas, varios dibujos, una foto, un grabado y una escultura con el mismo motivo.

Una cámara oculta en el estudio

La obsesión por los autorretratos -que produjo a lo largo de toda su vida- se vio acentuada en el siglo XX. Además de crear unos 40 cuadros con su rostro, Munch -que se veía a sí mismo como un marginado social- compró en 1902 una pequeña cámara Kodak en Berlín y empezó a fotografiarse, fascinado por las capacidades expresivas del medio. Con largas exposiciones de luz, a veces simplemente alargando el brazo, experimentó con su imagen como lo había hecho antes en las pinturas. El cine fue otra de las herramientas que utilizó. En 1927 compró en Francia una cámara de aficionado que le sirvió para filmar varias películas, de las que se conservan poco más de cinco minutos. En esos trozos de la vida de Munch hay tomas callejeras y también escenas en las que aparecen su tía y su hermana sin saberlo, con la cámara oculta en el estudio del pintor.

El reflejo de esas aventuras domésticas está en el dinamismo de composiciones pictóricas en las que Munch introduce multitudes en movimiento y perspectivas extremas, como la de un caballo que parece dirigirse hacia el espectador.