Hípica - Salto ecuestre

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Un saltador ecuestre en acción en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008.
Hípica - Salto ecuestre
El salto ecuestre es posiblemente la más popular de las disciplinas ecuestres.
No obstante, el deporte solo se desarrolló por pura necesidad en la Inglaterra del siglo XVIII, cuando la ley de cercamientos aprobada por el gobierno permitió la instalación de cercas en el campo, de modo que los jinetes que participaban en la caza del zorro se vieron forzados a adaptarse y empezaron a saltar por encima de los cercados.
Los saltos tal y como los conocemos hoy son la primera disciplina ecuestre que se incluyó en los Juegos Olímpicos modernos.
En París 1900, se celebró una competición de salto de 850 metros de longitud que incluía 22 obstáculos, junto con pruebas excepcionales como el salto de altura y el salto de longitud, que se ganaron con distancias de 1,85 m y 6,10 m respectivamente.
Tras desaparecer del programa olímpico durante 12 años, el salto ecuestre volvió finalmente junto con otras disciplinas ecuestres (la doma y el concurso completo) a tiempo para Estocolmo 1912.
La prueba estaba solo abierta a los oficiales de caballería en un principio, hasta Helisnki 1952, cuando se invitó a competir a los civiles, tanto hombres como mujeres, en igualdad de condiciones.
El formato de competición del salto consiste en que los jinetes y sus caballos intentan finalizar una carrera de entre 12 y 14 saltos, en la cual hay penalizaciones por derribar un obstáculo, pasarse del tiempo límite o por que un caballo se niegue a saltar.
En los Juegos Olímpicos, los jinetes compiten de forma individual y por equipos. En las dos primeras rondas se determinan los ganadores de la competición por equipos, antes de que el campo se acorte para otras tres rondas que determinarán las posiciones de las tres medallas de la prueba individual.
Si dos o más participantes quedan empatados en el primer lugar tras al ronda final se realiza un salto de desempate para decidir el ganador.
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