'Strawberries'

'Strawberries'

Postres convertidos en una nube de moho, verduras blandas hasta el goteo, congelados de una entereza cercana al fósil... El fotógrafo austriaco Klaus Pichler (Viena, 1977) es el autor de One Third (Un tercio), un proyecto sobre el desperdicio de alimentos. El título esconde una dolorosa verdad. Según un estudio de la FAO (las siglas en inglés para la Organización para la Alimentación y la Agricultura de la ONU), un tercio de la comida que se produce en el mundo se desecha. "Los países industrializados son los que más tiran, mientras 925 millones de personas de todo el mundo están amenazadas por la desnutrición", dice Pilcher en el texto que acompaña a su proyecto. La mínima imperfección de una fruta puede descartarla de la mercancía de un supermercado; la inapetencia o el despiste de un consumidor pueden mandar a la basura paquetes de alimentos sin abrir.

Harina rusa, manzana brasileña, pulpo srilanqués...

Entre el más de medio centenar de fotos hay productos de primera necesidad —harina, patatas, huevos o leche— y otros elaborados como helado y pastelillos. Bajo cada imagen el artista añade una ficha informativa con el lugar de origen, el método de producción o cultivo, la temporada en que se recoge el alimento (en el caso de que sea estacional), la distancia que ha recorrido hasta llegar a su lugar de venta, cómo fue transportado, el agua y las emisiones de dióxido de carbono necesarias para producirlo y el precio por kilo. Todo fue adquirido en supermercados de Viena, pero en la mayoría de los casos el lugar de procedencia no corresponde con el de venta: la harina es rusa, la manzana es de Brasil y el pulpo viene de Sri Lanka.

El autor hace incapié en la lejanía, la complejidad y la cantidad de medios empleados en producir algo que luego se echa a perder y destaca que el porcentaje de comida desperdiciada por persona no es el mismo en todo el mundo. En Europa y Estados Unidos cada consumidor tira a la basura entre 95 y 115 kilos al año. En el África subsahariana y en el sudeste de Asia se desechan entre seis y once.

Fuentes de plata y copas de cóctel

No es casualidad que los alimentos de los bodegones podridos de Pilcher descansen sobre finas fuentes de plata, platos conmemorativos o copas de cóctel. Con los recipientes el artista se refiere a refinada cultura occidental y su oscuro pasado colonialista que hoy, según el autor, en cierto modo sigue vigente. Pichler destaca nuestra falta de interés por saber de dónde viene lo que ingerimos y quién —y bajo qué condiciones laborales— lo ha producido. Lo que en principio es el sustento se reduce a una serie de artículos que se pueden adquirir en cualquier establecimiento y en cualquier época del año por exóticos que sean. "Nos enorgullecemos de ser suficientemente ricos para vivir una vida de glotonería y gozamos del privilegio de poder tirar la comida", reflexiona el fotógrafo. En medio del pesimismo de los datos, de la visión agusanada de un filete y de unas cebollas encharcadas, el autor de One Third quiere mantener la esperanza en organizaciones sin ánimo de lucro y en el cambio de conciencia del comprador: "Estudios recientes han revelado que el 69% de los hogares alemanes desechan los alimentos con culpabilidad. (...) Los consumidores no lo hacen  a propósito, sucede de manera no deseada. En este proyecto, sin embargo, los productos se corrompen de modo consciente, a modo de provocación".