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La Mirilla

Mas que una foto / Més que una foto

Por L.Silva 28 dic. 2012 18:04


La fotografía fue tomada ayer en la Casa del Llibre de la Rambla de Catalunya de Barcelona. El del medio es el autor del blog, que por una vez y sin ánimo de sentar precedente se convierte, pero sólo en parte, en asunto de la entrada. Más importan quienes lo flanquean: a la izquierda (del observador), José Daniel Baena, comandante de la Guardia Civil de la zona de Cataluña. A la derecha, Cristina Manresa, comisaria (o comissària) y responsable de la Región Policial Metropolitana Sur de Barcelona de los Mossos d'Esquadra. La reunión tenía por objeto presentar La marca del meridiano, pero en mi modesta opinión sirvió para algo más, algo que me interesa contar aquí porque sé que es de esas cosas que los medios no van a resaltar (de hecho, y que me conste, el acto sólo tuvo esta reseña en un periódico).

Para empezar, aclaro que la presencia de ambos como presentadores era cualquier cosa menos casual. La investigación que narra la novela lleva a Barcelona a sus protagonistas, Bevilacqua y Chamorro, y buena parte de ella se desarrolla justamente en la demarcación de la que es máxima responsable la comisaria Manresa, que además es una competente y reconocida mujer policía, acostumbrada por su rango a tomar decisiones en situaciones complicadas. 

Valores todos ellos que, a una escala más modesta, encarna Virginia Chamorro, mi sargento de ficción de la Benemérita. 

En el desarrollo de la acción los protagonistas recaban y obtienen la ayuda de los Mossos y también de las unidades de policía judicial de la Guardia Civil de Cataluña, ámbito que es precisamente donde desarrolla su trabajo el comandante Baena. Además, y como demostraron con sus intervenciones, ambos son no sólo solventes profesionales de la seguridad pública, sino también excelentes lectores. El público que asistió no me dejará mentir a este respecto, y aquí va un testimonio:


Éste es un recado que mando, especialmente, a quienes suelen decirme que Bevilacqua lee demasiado para ser policía, y parecen presumir que todo tipo con placa es un zote.

Lo que me importa resaltar es lo que dijeron. Como señala el autor de la crónica periodística, ambos coincidieron, en primer lugar, en subrayar la coordinación y la cooperación, además del respeto recíproco, que existe entre mossos y guardias. Ya había hablado con ellos más de una vez al respecto, así que para mí no era ninguna sorpresa. Pero tal vez lo sea para quienes, en Madrid, me tildan de "políticamente correcto" por mostrar en mi novela esa colaboración, no exenta de roces entre los responsables más políticos (y así lo deja atisbar la novela), pero de una eficiencia y lealtad entre los profesionales que están sobre el terreno que redunda, por fortuna, en la seguridad de los ciudadanos catalanes. Ya sé que para algunos las buenas noticias no son noticias, pero lo que no aceptaré nunca es que quien habla desde la desinformación trate de enmendarle la plana a la realidad. Y tampoco dejará de sorprender esa armonía a algunos que en Cataluña asumen que cualquier relación con lo español es necesariamente problemática. El comandante Baena, que abrió su intervención en catalán y en todo momento declaró su aprecio por el cuerpo policial autonómico (cuya condecoración, por cierto, ostenta) es buena prueba de lo contrario.

Y hay algo más en lo que coincidieron ambos, y de lo que también puedo dar fe. Un cuerpo policial no está libre de acoger en sus filas a elementos ineptos o sin escrúpulos, pero tanto entre los mossos como entre los guardias se cultivan de veras valores como el honor (o la honradez), el rigor y el espíritu de servicio y sacrificio por la ciudadanía, que tal vez representan su mejor arma, para hacer frente a una delincuencia compleja y pujante, y que son también la mejor garantía para los ciudadanos. En ciertos círculos sedicentemente intelectuales resulta fácil, incluso se ha puesto en los últimos tiempos de moda, despotricar contra la policía. Pero alguien ha de tener el valor de admitir, aunque no venda ni quede lo bastante revolucionario, que hemos acertado a darnos un estado de derecho y a proveernos de una policía que, con sus defectos y carencias, probablemente son los mejores que hemos tenido nunca; mejores, desde luego, que los que tienen en la mayoría de países del planeta. Si alguien ha de imponer una ley con armas en la calle, es preferible que sean hombres y mujeres de honor, y con principios, antes que los desalmados que lo hacen en las calles de tantos lugares del mundo. Sólo la frivolidad puede llevar a ignorar esa brutal diferencia.

Esa foto, con un uniforme de la Guardia Civil y otro de los Mossos d'Esquadra, sentados a la misma mesa y sosteniendo un mismo discurso, se me antoja en estos momentos algo más que una foto. Es, a su modo, un pequeño asidero para la esperanza.

(Nota: Las fotos son de Antoni Fernández Santervas. Mil gracias, Toni).


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  • Lorenzo SilvaLorenzo Silva

    Madrileño de 1966, nómada vocacional. Ha sido auditor de cuentas, asesor fiscal, abogado y algunas cosas aún más inconfesables, pero desde antes de cumplir los catorce escribe historias. Al final ese vicio se impuso y lo hizo, sobre todo, cuentista y novelista. También escribe libros de ensayo, guiones de cine y TV, artículos en prensa, reportajes sobre crímenes, guerras y viajes y, en fin, este blog.

Sobre el blog

"La vida es tan inconmensurablemente grande y profunda como el abismo de estrellas que hay encima de nosotros. Sólo podemos mirarla a través de la pequeña mirilla de nuestra existencia, aunque con ella sentimos más de lo que vemos. Por eso es esencial mantenerla siempre bien limpia".
Franz Kafka

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