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La Mirilla

Battiato en Nápoles

Por L.Silva 27 jul. 2012 16:03



Verte en un auditorio con miles de personas puestas en pie gritando "Franco, Franco" sin que te entre un escalofrío de horror (sino todo lo contrario). Tener a tu lado a un hombretón de dos metros deshaciéndose en sollozos. Observar de pronto cómo toda la gente, que hasta ese momento escuchaba modosamente en su asiento, se levanta y se pone a bailar.

 

Son cosas que pueden pasar, y pasan, en un concierto de Franco Battiato. La última vez, el pasado 25 de julio, en la Arena Flegrea de Nápoles. Un hermoso auditorio, hecho erigir por Mussolini en 1940 y seguramente destinado a sus mítines histriónicos, pero que por fortuna, tras ser restaurado (y "desfascistizado"), ha acabado acogiendo algo mucho mejor. La música. La sensibilidad. La sabiduría. Así se veía, la noche de autos:



La trayectoria de Battiato, desde que en 1965 lanzara su primer single, con la espléndida E più ti amo, hasta esta primera década del siglo XXI, es impresionante. Durante todos estos años no ha parado de componer y grabar canciones extraordinarias y siempre personales (incluso cuando versiona éxitos de otros artistas, como en su prodigiosa interpretación de Il venait d‘avoir 18 ans, la canción que popularizara en los 70 la francesa Dalida). Pocos artistas pueden presumir de un repertorio como el suyo, pero a la vez eso representa toda una responsabilidad a la hora de dar un concierto en el que cada uno espera su canción.

 

Battiato fue generoso. No cantó todos sus éxitos, porque son demasiados y eso habría alargado el concierto más allá de las dos horas y media que duró (en vano se desgañitó un espectador pidiéndole E ti vengo a cercare). Pero creo que es justo afirmar que no se dejó en el tintero ninguna de sus canciones indiscutibles. Todas ellas fueron llegando en un concierto que el cantante siciliano empezó sentado, con chaqueta y con sus auriculares puestos, para poder controlar con la meticulosidad que le es característica la calidad del sonido. Luego comenzó a pasear por el escenario. A medio concierto se quitó la chaqueta, dejando al descubierto el chaleco amarillo con el que venía a proclamar que la superstición es cosa de artistas mediocres. Y acabó bailando, junto a toda su orquesta (la Toscanini) y el público puestos en pie. Fue cuando empalmó Voglio vederti danzare y Cuccurucucù Paloma, con los que se metió de un golpe a todo el personal en el bolsillo. He aquí el instante:  


 

Había comenzado con algunas de sus canciones más filosóficas, de esas que, ironizó resignado antes de interpretar una de ellas, Io chi sono?, teme que sólo le gusten a él. Del álbum al que pertenece , Il vuoto, (El vacío, 2007) cantó Stati di gioia y la emblemática I giorni della monotonia, con la que abrió el concierto. No parece una elección casual, en los tiempos que corren. Para muestra, este pasaje de Io chi sono?:

 

E siamo qui ancora vivi di nuovo qui

Da tempo immemorabile

Qui non si impara niente sempre gli stessi errori

Inevitabilmente gli stessi orrori da sempre come sempre

 

Mediado el concierto, Battiato asestó una puñalada mortal a los corazones de sus seguidores (este que escribe incluido). Sucedió cuando cantó seguidas, sin dar apenas tregua entre ambas, La canzone dei vecchi ammanti y La cura, probablemente dos de las más bellas canciones de amor que se hayan compuesto jamás. Fue entonces cuando lloró a moco tendido el treintañero de dos metros que tenía a mi izquierda. Y como él, muchos más. 



Conseguido este efecto en el público, vino la parte festiva del concierto. La abrió la infalible Tutto l'universo obbedisce all'amore, el tema inicial del que acaso sea su más acabado álbum de estudio, Fleurs 2 (2008), que fue, la melodía pegadiza lo impone, el primero que coreó verso a verso el grueso de los asistentes. A continuación, aparte de las ya mencionadas Voglio vederte danzare y Cuccurucucù Paloma, Battiato jugó bazas tan seguras como L’era del cinghiale bianco o La stagione dell’amore. Contagiada por la naturalidad de su voz y la gracia de sus músicos, la noche napolitana se volvió ligera, cálida y, si no sonara tan cursi, después del uso y abuso del adjetivo, hasta osaría decir que mágica.

 

Hubo una cantidad inconcebible de bises. Siete, ocho, nueve, al final se perdió la cuenta. Entre ellos, otras dos canciones memorables, L’animale, una de las más hondas y honestas miradas de Battiato a la complejidad y a la oscuridad de la condición humana , y un tema de su último álbum publicado hasta la fecha, Inneres Auge (2010). De nuevo, una elección significativa. Para comprenderlo, basta con echarle una ojeada a la letra:

 

Che cosa possono le leggi

Dove regna soltanto il denaro?

La giustizia non è altro che una pubblica merce…

Di cosa vivrebbero

Ciarlatani e truffatori

Se non avessero moneta sonante da gettare come ami fra la gente.

 

Escritas para la Italia berlusconiana, cómo nos suenan a quienes vivimos en este momento las consecuencias de haber dejado algunos de nuestros asuntos, también, en manos de charlatanes y embaucadores. La solución, según Battiato, dentro de cada uno de nosotros. En nuestra mirada interior, esa que debemos cultivar y que músicos como él nos ayudan a construir. Como dice, un poco más adelante, esa misma canción:

 


S'intravede un chiarore

Che con il tempo e ci vuole pazienza,

Si apre allo sguardo interiore:

Inneres Auge, das inneres Auge

 


Acabado el concierto, caminar al abrigo de la suave noche napolitana, bajo las nubes que todo el rato amenazaron con estropear la velada (la entrada advertía que no se suspendería, incluso aunque lloviera), pero que por un extraño milagro no terminaron de descargar, resultó uno de esos momentos en que la certidumbre de estar vivo es un inmerecido regalo de los dioses. 


No estamos acabados, ni siquiera aquí abajo, en esta Europa del sur de la que tanto se quejan y a la que tanto escarnecen en estos días, tirando a sórdidos, nuestros supuestos socios del norte. No mientras haya trovadores-filósofos como Battiato.

 


Postdata: Permítaseme cerrar la entrada con dos imágenes captadas un par de días después, en el aeropuerto napolitano de Capodichino, y que creo que reflejan el estado de ánimo de nuestros hermanos italianos. 


Primera imagen:


 

Y segunda imagen:


 

Lo de nuestro fútbol empieza a ser un escándalo. Que nuestra liga se financie impagando impuestos y cotizaciones a la Seguridad Social y con préstamos de bancos rescatados, y así monte el mejor espectáculo con los gladiadores mejor pagados, es una vergüenza que señala, más que pertinentemente, este diario italiano. Ojo al tono y al dato. La burbuja de la pelota toca a su fin.


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  • Lorenzo SilvaLorenzo Silva

    Madrileño de 1966, nómada vocacional. Ha sido auditor de cuentas, asesor fiscal, abogado y algunas cosas aún más inconfesables, pero desde antes de cumplir los catorce escribe historias. Al final ese vicio se impuso y lo hizo, sobre todo, cuentista y novelista. También escribe libros de ensayo, guiones de cine y TV, artículos en prensa, reportajes sobre crímenes, guerras y viajes y, en fin, este blog.

Sobre el blog

"La vida es tan inconmensurablemente grande y profunda como el abismo de estrellas que hay encima de nosotros. Sólo podemos mirarla a través de la pequeña mirilla de nuestra existencia, aunque con ella sentimos más de lo que vemos. Por eso es esencial mantenerla siempre bien limpia".
Franz Kafka

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