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La Mirilla

La fatiga

Por L.Silva 14 sep. 2012 11:51

Hace algunas semanas, osábamos decir aquí que, aparte del económico, España tenía un problema constitucional, que afectaba tanto a su organización territorial como a la configuración de sus instituciones. A la definición de las lindes de lo español, por un lado, y por otro a la relación entre los españoles como ciudadanos y las estructuras instituidas legalmente para ejercer en su representación el poder del estado, garantizar el legítimo ejercicio de los derechos y exigir las responsabilidades individuales y públicas.

 

Al escribir esto, no tenía el autor la sensación de encarnar una línea de pensamiento excesivamente arraigada entre nosotros. Para algunos, hay cosas que son intocables, y una de esas cosas, en la práctica, es la Constitución de 1978, que muchos reconocen con la boca pequeña que habría que ajustar pero que, obligaciones y urgencias aparte (como el voto de extranjeros en las municipales o la limitación del déficit impuesta por Merkel hace un año para sostenernos), no se enmienda ni para corregir absurdos tan clamorosos como la preferencia del varón en la sucesión al trono. Nadie quiere que por tocar una línea alguien cuestione el párrafo, el artículo o el título entero. Pero ese inmovilismo un poco neurótico no es sino una prueba más de que algo ya se ha movido. Nadie está seguro de que aspectos tan cruciales como la forma de estado (ni siquiera ése) sean pacíficos hoy.

 

Otros sustituyen el inmovilismo por la depresión o el fatalismo. Nada funciona, la que nos está cayendo es descomunal, para qué plantearse aventuras complicadas que vienen a embrollarlo todo más en momentos en que ya bastantes problemas tenemos. Es, en una de sus versiones más recientes, el discurso rajoyano de la algarabía.

 

Pero negar los problemas nunca los resolvió. La realidad es tozuda y al control de la ‘misión España’ cada vez más astronautas empiezan a mandarle mensajes inequívocos de alarma. Uno lo envió el domingo pasado César Molinas con un completo, meditado, y bien escrito y razonado artículo que, pudiendo ser discutible en sus conclusiones y en algunos de sus planteamientos, tiene la virtud de la claridad, la sencillez y la coherencia. Su difusión ha sido espectacular, como si hubiera acertado a poner en negro sobre blanco el runrún que estaba ahí, sin que nadie lo enunciara.


Según la teoría expuesta por Molinas (con una larga trayectoria tanto en la administración como en el sector privado), el poder político se ha organizado en España de forma que no contribuye a su prosperidad, ni a crearla ni a recobrarla cuando se pierde (como es el caso ahora), sino que se limita a cabalgarla y drenarla en beneficio propio cuando la hay, y a caer en la parálisis cuando pintan bastos, aplazando sistemáticamente las reformas estructurales necesarias y especulando en el corto plazo de elección en elección (y no hay año que no tengamos alguna).

 

Habría que añadir que ese fracaso de los políticos presupone otro, el de la ciudadanía y sus medios de expresión y presión sobre el poder desviado o incompetente. Cada país, al final, tiene la gobernación que se merece, y la lectura de este artículo como la cómoda asignación de culpas a un subconjunto vil de la población no pasaría de ser una simpleza. En la regeneración de la clase política española, además del improbable examen de conciencia de quienes la forman, se necesita la acaso aún más improbable articulación de la sociedad civil española para propiciar un sentido de responsabilidad común del que siempre anduvimos cortos, y que tan fácil ha puesto a políticos falaces o ineptos seguir en sus puestos.

 

 Y por si esto, el desafecto ya imparable hacia quienes nos gobiernan, no fuera bastante, el pasado 11 de septiembre cientos de miles de catalanes escenificaron en las calles de Barcelona el fracaso último y palmario del estado de las autonomías. 


Creado para contentarlos, lo que ha conseguido, a la vuelta de 34 años y unos cuantos errores (el penúltimo, el desprecio en Madrid al Estatut aprobado por su parlamento), es que, ya sean una mayoría o una minoría aún insuficiente, haya más descontentos que nunca en Cataluña por pertenecer a España, o a esa entelequia antipática, burocrática y reduccionista que no por azar es moneda corriente en el discurso oficial catalán: el estado español.

 

Artur Mas hablaba ayer de fatiga. Cataluña fatigada de pertenecer a España y no tener el reconocimiento y el margen de maniobra que siente que merece. España fatigada de tener a Cataluña siempre reclamando agravios y presentando facturas al cobro. No deja de tener un fondo de razón, pero esto, como la conveniencia o inconveniencia de la situación planteada, es lo de menos. El hecho está ahí. Esto no funciona, y mientras seguimos sin hacer nada y negándonos a aceptar que esté pasando algo, todo resbala hacia un grado creciente de descomposición.

 

No es fácil repensar el modelo territorial de lo que hoy es España. No es fácil, pese a la frivolidad con que algún nacionalista catalán lo plantea, crear una Cataluña desligada de España, en la que tiene mucho más que una inserción geográfica (también tiene profundos vínculos demográficos, sociales, económicos y de dependencia energética, por citar sólo unos cuantos). Para empezar, tendría que arrancar fuera del euro (posiblemente sacaría también a lo que quedara de España), lo que arrojaría por la borda los duros esfuerzos de estos años y expondría severamente a ese hipotético nuevo estado. Habría que asignar deuda, inversiones, población. Causa hilaridad ver que algunos catalanes se manifestaban el pasado martes, o así lo declaraban, para dejar de pagar peajes en las autopistas. Más probable parece que los peajes, y el precio de otros muchos servicios públicos, comenzaran subiendo en la Cataluña independiente.

 

Pero desde Madrid no se puede oponer todo esto para seguir sin hacer nada. Lo de Cataluña lleva 300 años mal encajado. De un modo u otro, ha contribuido a alimentar cuatro guerras civiles (se suele olvidar que el más contumaz de los generales carlistas fue Cabrera, un catalán de Tortosa). Por no hablar de la terrible conflictividad de la sociedad catalana en otras épocas (hoy, felizmente superada), en la que la burguesía local tan pronto llamaba en su auxilio a los represores a las órdenes del estado centralista, que se empleaban a fondo contra una clase obrera catalana en su mayoría de origen inmigrante, como cultivaba, sobre las estampas de la represión, la demonización de Madrid, que de ser una simple ciudad, con todos sus contrastes, pasó a convertirse en una uniforme pestilencia.

 

¿Cuál es la solución? Hoy proponía alguien una Federación Española de cuatro grandes estados: Castilla, Galicia, Euskadi y Cataluña, que sin perjuicio de la descentralización que pudiera haber dentro de Castilla, acabara con el fallido engendro del ‘café para todos’ y devolviera a los catalanes el sentido de su singularidad sin empujarlos a la ruptura. Quizá tenga más sentido de lo que parece a primera vista. La fórmula se asienta en la lengua y en la Historia, soportes discutibles como todos, pero funcionales (a la vista está). Aunque quizá, para estar completa y ser enteramente congruente con el criterio adoptado, debería contemplar esa España federal un quinto estado, bilingüe, que sería Aragón. Un estado federado tan histórico como Castilla y que actuaría, a nadie se le escapa, como posible contrapeso de una Cataluña que seguramente no vería con muy buenos ojos la agrupación de aragoneses, valencianos y baleares. Pero si viniera refrendada por la voluntad mayoritaria de éstos (nada partidarios, por obvios motivos, de ser comparsas en ese idílico proyecto nacionalista de los països catalans), tendría que aceptarla por coherencia con lo que para ella misma exige. Y por mencionar otro detallito escabroso, ¿qué se hace con Navarra?

 

En fin, ahí es nada. Fácil es imaginar las reacciones airadas que puede provocar la simple exposición de una solución así. Pero eso no quiere decir que no haya que pensar en ella, o en alguna otra, que no parece que sea, desde luego, la que hasta aquí tuvimos.

 

9Comentario
16 sep. 2012 23:26
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HACEDME CASO! ESTA DEMOCRACIA ES UNA PATRAÑA. DA IGUAL SIGNO POLITICO, SON TODOS UNOS EMBUSTEROS CHUPASANGRES. QUIEN QUIERE CONTINUAR CON ESTA MENTIRA??? BASTA YA DE TOMARNOS EL PELO PORQUE ESTOS POLITICOS DE MIERDA (Y TODOS LOS ANTERIORES) SE ESTAN ENRIQUECIENDO A COSTA DE ESTRUJAR A LOS DE SIEMPRE.

HAN CONSEGUIDO ARRUINAR A ESTE PAIS Y LES IMPORTA UN COMINO,ELLOS SIGUEN PEGADOS AL PODER Y NO CEDEN EN SUS PRIVILEGIOS, NI EN LA CANTIDAD (QUE SOBRAN MAS DE LA MITAD!)

TENEMOS QUE HACER ALGO SI QUEREMOS SEGUIR VIVIENDO AQUI, QUE LOS QUE SE TENGAN QUE IR SEAN ELLOS........ ABAJO ESTA DEMOCRACIA DICTATORIAL,HAY QUE BUSCAR SOLUCIONES O ACABARAN CON TODOS NOSOTROS... CORRER LA VOZ!!!!!!

16 sep. 2012 10:14
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No hay nada, que una más, que las guerras civiles, y en España hemos tenido cinco en nuestra historia reciente. Para que sea una guerra civil, lo primordial es que se haga en un solo país.
Cabrera general carlista de Tortosa participó con salvajadas sin cuento en ellas, pero no lo hacía como separatista que sería hoy, al contrario, un catalán imponiendo al resto de España sus ideas equivocadas, la influencia en el gobierno de una iglesia ya muy anticuada y un rey absolutista nada liberal.
También tuvimos que padecer en España otro general, esta vez vasco, Zumalacárregui, que defendió las mismas ideas anticuadas, en contra de una parte de España que quería un sistema más liberal, y que murió sin conseguirlo bombardeando Bilbao. Otro general, esta vez gallego,  Franco, impuso sus criterios sobre España y  sus consecuencias siguen influyendo en el desarrollo de nuestra vida actual.



21 sep. 2012 19:35
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Nuevamente estoy contigo Lorenzo. Estamos en el siglo XXI y o abrimos nuestras mentes y en lugar de potajes hacemos coktails o esto se puede llegar a terminal mal. Demasiado fantasma del pasado. La constitución está caduca. A finales del siglo pasado tenia su sentido. Ahora no tiene ninguno y además nuestros políticos la han corrompido y huele mal, muy mal. Pero para eso hay que ser valiente,  inteligente y "moderno".
21 sep. 2012 17:00
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Los Leones del Congreso de los diputados ya no valén para nada porqué antiguamente los enemigos de España estabán fuera,pero actualmente los tenemos dentro.El gramén crecio tanto por el abandono que se comio todo el campo,soluciones volver a ´labrarlo pero totamente de raiz para qué no se multiplique,mucha gente  chupado de la teta del Estado y ya se esta quedando "TISICA LA VACA"
19 sep. 2012 10:47
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El ser humano no busca ni más ni menos que vivir con una estabilidad emocional, de ello depende lo que le rodea. Todo se esta desmoronando, ¿quien tiene la culpa?, ¿debemos de buscar culpables?.... todo tiene un ciclo y estamos quizas en el punto más savaje de el. Nadie sabe como salir de ello, pues no consiste en salir si no de cambios y los cambios no pueden salir de "conveniencias economicas" , "conveniencias Sociales" "Conveniencias politicas" y un largo etc... de "conveniencias" y eso es lo que estan haciendo los politicos. Parece que el pueblo este más preparado que ellos para afrontar los cambios, pues la fuerza no deja de ser nuestra para el cambio y no ellos y hasta que no nos demos cuenta que no dependemos de los cambios que ellos vayan imponiendo no saldra la verdadera fuerza para la busqueda de esa "estabilidad emocional que nos merecemos".

18 sep. 2012 13:08
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Bon dia...
Puede alguien explicarme porque a la hora de votar, las listas son CERRADAS????? Yo no deberia estar OBLIGADO a votar a quienes ellos nos presentan.  Yo veo que la politica en este pais es un bunker solo para los mismos de siempre,  Solo espero que la Vida sea justa y a estos vividores.......
SALUDOS.
19 sep. 2012 00:23
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Sin comentarios en general ya hemos salido todos de dudas, de lo que son estos individuos, de politicos  que hemos tenido, mucha facilidad de palabra, mucha fluidez
verbal, mucha parafernalia, pero si titiriteros, para mi se han convertido en extranjeros.
18 sep. 2012 13:06
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                                        HINCHADO DE NADAR PARA MORIR EN LA ORILLA
Es curioso la situación Nacional tanto económica, política, constitucional, justicia y hasta regional y todo en nombre de la libertad, paz, empleo, economía etc.
Si miramos para tras en el tiempo, vemos en lió que estamos metido. Dije hace tiempo que son titiriteros estos que no son ni políticos y  menos estadista.
La desgracia de tener a resabios con poder y el pueblo tolerante e ignorante con ellos y los que los pusieron. Así es la democracia cuando el pueblo no esta preparado para tal fin.
Quizás fue culpa de los mas resabido los padres de la constitución que no previnieron esto y otros que por no soltar el poder, apuraron demasiado.
No extendiéndome mas. Discursos antiguos y otros mas antiguos aun, siguen estando en este tiempo al día, de algunos buenos titiriteros de entonces.
                                                                        ASÍ ES EL PUEBLO
25 sep. 2012 22:15
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En cuanto a la Constitución, es claro que debe ser como un libro de ejercicios sobre texto y ser una de las obligaciones de los diputados en cada legislatura, LA PRINCIPAL, su revisión, articulo por articulo para adaptarlo a los requerimientos de los ciudadanos que deberían tener un canal ágil e inmediato, para hacer llegar sus requerimientos a la Cámara ( por ejemplo internet ) para que esta a través de sus legisladores, se vieran plasmados en normas o leyes, y NO, como hasta ahora, que a través de los Partidos Políticos no funciona, como tampoco lo hacen las actuales CÁMARAS, de Palmeros y Claqueros, que otra cosa no se les ve que hagan y no deberían estar para eso.

Y así se da la paradoja que les llevan quitando la vivienda desde hace cinco años a los que por consecuencia de la crisis se han quedado sin empleo o han sufrido el cerrojazo del crédito por los bancos y no se ha visto actuación alguna legislativa para plasmar alguna solución que las hay, por el Napoleónico sistema que marca la CONSTITUCIÓN.

Es decir todo el sistema político en forma y fondo requiere una revisión en profundidad de la CARTA MAGNA, en la transformación de la misma, tenemos que intervenir los ciudadanos, en tanto los Partidos Políticos no dejen de ser centros del poder factico.
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  • Lorenzo SilvaLorenzo Silva

    Madrileño de 1966, nómada vocacional. Ha sido auditor de cuentas, asesor fiscal, abogado y algunas cosas aún más inconfesables, pero desde antes de cumplir los catorce escribe historias. Al final ese vicio se impuso y lo hizo, sobre todo, cuentista y novelista. También escribe libros de ensayo, guiones de cine y TV, artículos en prensa, reportajes sobre crímenes, guerras y viajes y, en fin, este blog.

Sobre el blog

"La vida es tan inconmensurablemente grande y profunda como el abismo de estrellas que hay encima de nosotros. Sólo podemos mirarla a través de la pequeña mirilla de nuestra existencia, aunque con ella sentimos más de lo que vemos. Por eso es esencial mantenerla siempre bien limpia".
Franz Kafka

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