¿El día que le robaron la cartera a Alemania?
Empezaremos por lo que debe de ser más importante, ya que es lo que más presente tiene mucha gente: será Italia, y no la temible y omnipotente Alemania, la rival de la Roja en esa final de la Eurocopa que los hombres de Del Bosque han alcanzado de forma tan brillante como oportuna para Rajoy. No sólo porque se dará el gusto de lucirse en el palco, sino por lo que le distrae al atribulado personal.
Simultáneamente, y también contra todos los pronósticos, qué cosas, Mario Monti le sacaba a Angela Merkel en Bruselas un trato para que el BCE compre deuda pública acosada por los mercados (como la italiana) y para que Europa recapitalice directamente los bancos sin generar deuda para los estados (como bien podría necesitar igualmente Italia si cae la ficha del dominó que ahora aguanta el tiro, o sea España). De todo esto se beneficia indirectamente Rajoy, con su deuda pública más acosada aún y sus bancos más al borde del despeñadero, pero, como es costumbre en el hábil y exasperantemente paciente político gallego, sin hacer él el grueso del gasto y apoyándose en la fuerza de otros, o en la de los acontecimientos. Si ayer el Consejo Europeo no aprueba lo que aprobó, hoy Europa sería historia. Y los alemanes, que han apurado al máximo (ha sido bonito financiarse sin coste, mientras duró) no han tenido más remedio que, al filo mismo del precipicio, ceder. Es decir, que si a Merkel le han quitado al final la cartera es sólo porque se la ha dejado quitar, después de llenarla previamente con nuestro dinero. Por ejemplo, con los intereses de la alta deuda pública alemana que ella se ahorró pagar mientras subían hasta la estratosfera los intereses que pagábamos nosotros.
Sinceramente, uno prefiere que las cajas españolas, o los restos de su naufragio, se vigilen desde Alemania antes que dejárselas a los negligentes, los aprendices de brujo y los simples forajidos que han logrado echarlas abajo en tan sólo una década después de dos siglos de existencia solvente y prudente en los que fueron, en muchos casos, la columna vertebral económica de una sociedad que ya no existe y que nos toca reinventar.
Lorenzo SilvaMadrileño de 1966, nómada vocacional. Ha sido auditor de cuentas, asesor fiscal, abogado y algunas cosas aún más inconfesables, pero desde antes de cumplir los catorce escribe historias. Al final ese vicio se impuso y lo hizo, sobre todo, cuentista y novelista. También escribe libros de ensayo, guiones de cine y TV, artículos en prensa, reportajes sobre crímenes, guerras y viajes y, en fin, este blog.
"La vida es tan inconmensurablemente grande y profunda como el abismo de estrellas que hay encima de nosotros. Sólo podemos mirarla a través de la pequeña mirilla de nuestra existencia, aunque con ella sentimos más de lo que vemos. Por eso es esencial mantenerla siempre bien limpia".
Franz Kafka
- @chuchencio Saludo de vuelta, excelente montaje
- @lagadot Gracias, Laura, brotó sin más












