Que se jodan (de un país fallido)
Tres palabras para convertirse en la protagonista de la semana (y mira que la semana se lo ponía complicado). Eso es economía de medios. El brusco desiderátum proferido por la diputada Andrea Fabra en el hemiciclo de la carrera de San Jerónimo, justo tras anunciar su jefe de filas la reducción de la protección por desempleo, es una de esas perlas que quedan, sólo comparable al candelabro de Sofía Mazagatos o la noche que confundía a Dinio.
Ya se permiten, incluso, utilizarnos para los chistes. Para ejemplo, lo que esa cuestionable estadista que se halla al frente de la República Argentina (no hay más que examinar su vocabulario y la zafiedad con que se refiere a circunstancias físicas de las personas de las que habla) escupe en cuanto se le presenta la oportunidad de escarnecer a España, en la que ha sabido con astucia encarnar todos los males de los argentinos, y por tanto la catarsis subsiguiente de verla acosada y maltrecha. Otro síntoma inequívoco de decadencia es cuando los oportunistas que en el mundo son te utilizan como chivo expiatorio para desviar la atención de aquello de lo que deberían responder.
La foto es de la playa de San Pedro de Alcántara, donde estaba ayer. Un lugar en el que se han cometido despropósitos, como en toda España, pero donde hay gente que pelea por salir adelante, por creer que otro relato, más serio y más adulto, más digno y más esperanzador, es posible. Como los heroicos libreros que aguantaban la canícula en sus tenderetes de la feria hasta la que, pese a todo, alguien se acercaba para llevarse un libro con el que hacerse menos ignorante y por tanto mejor. Como los hosteleros que en este mes de junio (me lo comentó uno de ellos, sorprendiéndome con el dato) han conseguido facturar un treinta por ciento más que el junio pasado, afanándose por ofrecerles, a esos mismos alemanes y nórdicos que nos aprietan las tuercas, buena comida y buen vino y buen servicio que pagan sin rechistar con sus euros. Lo que es, si no el mejor, sí el más palpable reconocimiento de que no somos tan desastrosos en todo y sabemos convencerlos en algo de lo que (y no es vana arrogancia) ellos saben menos.
Lorenzo SilvaMadrileño de 1966, nómada vocacional. Ha sido auditor de cuentas, asesor fiscal, abogado y algunas cosas aún más inconfesables, pero desde antes de cumplir los catorce escribe historias. Al final ese vicio se impuso y lo hizo, sobre todo, cuentista y novelista. También escribe libros de ensayo, guiones de cine y TV, artículos en prensa, reportajes sobre crímenes, guerras y viajes y, en fin, este blog.
"La vida es tan inconmensurablemente grande y profunda como el abismo de estrellas que hay encima de nosotros. Sólo podemos mirarla a través de la pequeña mirilla de nuestra existencia, aunque con ella sentimos más de lo que vemos. Por eso es esencial mantenerla siempre bien limpia".
Franz Kafka
- @chuchencio Saludo de vuelta, excelente montaje













