Cuando morir cuesta tanto
Cuando escribía estas líneas estaba esperando una llamada. La que me comunique que Pilar ha muerto. Porque ahora sólo nos queda esperar eso: a la muerte que por fin dará reposo a su cuerpo y, si hubiera algo más allá, también paz a su alma.
Pilar lleva cuatro días ingresada en la planta de enfermos terminales de un hospital. Un cáncer la ha ido devorando por dentro hasta vaciarla de vida (¡qué bien la exprimiste, Pili, como si supieras que cada segundo podía ser el último!). Ahora sólo existe la espera. Y el dolor.
Cuando los gritos se hicieron insoportables, cuando la voz de su agonía desgarraba el aire y se clavaba como un puñal en el alma de los que la queremos, los médicos consintieron enchufarla a una bomba de morfina. Dosis controladas, un poquito más cada vez porque el cuerpo se acostumbra rápido. Y a esperar. Esperar hasta que su corazón diga basta. Entonces me llamarán. Pilar ha muerto. Y yo pensaré que tendría que haber muerto antes. Porque lo que hay en esa cama de hospital ya no es ella. Lo que está allí tendido es un corazón, dos pulmones, un estómago, unas piernas. Es un grupo de células que juntas ya no forman a una persona sino un cuerpo agonizante en sus últimos estertores.
-“¿Y no podemos evitar esto? “, preguntaba uno de sus hijos mientras el cuerpo de su madre, hinchado y deformado, cogía el aire a bocanadas cada vez más cortas y agónicas. Pues sí, podría evitarse, ayudando a morir a ese cuerpo de forma rápida en indolora. ¿Por qué un enfermo terminal irreversible sólo puede agonizar hasta que le llegue la muerte? ¿Por qué hay veces en que la única manera de morir sea pasando por un sufrimiento insoportable? Sufre el enfermo. Sufre la familia. Sufren los amigos. Y es casi como vergonzoso pensar muérete, muérete ya y descansa, no te mereces esto. ¿De qué sirve tanto dolor? No se debería obligar a nadie a vivir (bueno, en realidad, no a vivir, sino a seguir existiendo) en contra de su propia voluntad, cuando ya no hay retorno y el cuerpo sólo es eso, un cuerpo sin persona.
Mi abuelo se dejó morir. Llegó un punto en su vida, más allá de los noventa años, en el que decidió que ya no quería vivir. Superviviente de la Guerra Civil, y de la aún peor postguerra en el bando de los vencidos (años sin apenas dormir ni comer para que sus hijos no murieran de hambre), su cuerpo se recuperó, pero nunca su alma. Y ya muy mayor y débil dijo basta. Se mató de la única manera que sabía: de hambre. Un día se negó a comer. Y ya no hubo manera. Se arrancaba incluso la sonda nasogástrica. Dejadme morir, decía. Dejadme morir.
Ayer, el Congreso, nuestro Congreso de los Diputados, el Congreso de todos los españoles, rechazó una iniciativa a favor de una Ley nacional sobre la Muerte Digna. La presentó el PSOE, pero PP y CiU votaron en contra. El texto proponía que el paciente pudiera rechazar, en el proceso final de su vida, las intervenciones y tratamientos que los médicos le propusieran. El portavoz socialista en materia sanitaria insistió en que el paciente tiene derecho a la dignidad, su familia tiene derecho a recibir apoyo emocional, y los médicos tienen derecho a sentirse jurídicamente protegidos.

Disponer de la propia vida debería ser el derecho más básico de cada persona. Y morir dignamente debería ser algo que las leyes no pueden escatimar a nadie. Se debe luchar hasta el último aliento, pero también reconocer y aceptar que hay un punto de no retorno. Adiós, Pilar. Adiós, iaio. Adiós.
y 2)
Y en ese estante… ¡tachán! (aunque no había misterio alguno)… en un lugar principal… podéis encontrar esos 3 libros.
¿Por qué?
Porque son libros que me marcaron. Porque son 3 libros de cabecera (entre algunos, pocos, otros). Porque me parecen importantísimos, educativos y, obviamente, de lectura obligatoria.
Aún hoy, aunque me critican por ello y nadie lo entiende, una vez al año o cada dos como máximo, tengo que releerlos (sólo lo entienden aquellos que también lo hacéis, ¿no?).
Toda esta larga introducción para llegar aquí.
Años más tarde, ya viviendo en Brasil, incluí otro título entre mis “líderes de lectura”.
“Cartas Desde El Infierno” de Ramón Sampedro.
Me transmitió el sufrimiento que padeció ese SEÑOR (con mayúsculas) por culpa de las instituciones medievales que aún rigen en nuestro país. Me hizo temblar, sentir escalofríos y llorar como hacía tiempo que ningún libro lo hacía. Me hizo analizar mis propios pensamientos al respecto de la eutanasia y el derecho a tener una muerte digna (ni que decir tiene que, después de un profundo análisis, estoy 100% de acuerdo con él).
Del P.P. no voy a comentar nada (suficiente desgracia sufren ya sus integrantes y sus votantes).
De C.iU. … bueno… sólo que: “a vegades em fan sentir vergonya de ser català!”.
Pero todo eso es política, es decir, nada que ver con personas, con seres humanos (o con humanidad), con ética, con razón…
Lo cual no quita que haya sido una vergüenza la decisión que han tomado. Denigrante contra la vida. Desde mi punto de vista: delito y pecado (el que han cometido ellos, que quede claro).
¿Y si fuera lectura obligatoria para los actuales preadolescentes de 14 o 15 años el libro del “mártir” Sampedro? (para mí, no se suicidó, eso es delito; para mí, ejerció su innegable derecho a su propia autodeterminación e hizo lo que todos deberíamos poder hacer, es decir, hacer con nuestra vida lo que nos dé la real gana… o lo que nos salga por el forro de los co$%&#s)
Tal vez se hagan conscientes, en su más tierna juventud, de que la vida, como el D.N.I., es personal e intransferible.
Tal vez aprendan, prontamente, que nadie, nadie, tiene ningún derecho a decidir por nosotros lo que con ella, con nuestra vida, queramos hacer.
Tal vez descubran que, como para muchos otros asuntos que se refieren a nuestras personas (aunque parece que políticos y legisladores han acabado por olvidar “ese pequeño detalle” y pretendan adoctrinarnos en el “borreguismo universal”), no existe autoridad suprema mayor que nosotros mismos para decidir sobre, obviamente, nuestra vida ni, tan importante como, sobre nuestra muerte.
Obviamente, mientras administren el Sr. “Rajao” y su cuadrilla eso nunca pasará.
Cúanta razón , yo lo he experimentado con mi madre, murió con 87 años y estuve a su lado en todo momento, la vi morir
Cuando un animal está enfermo terminal el veterinario le pone una inyección y ya está, ¿somos menos que nuestras mascotas?.
¿Porqué alargar el sufrimiento de una persona moribunda?,Se me abren las entrañas al recordar el padecimiento de sus últimos días, yo quería a mi madre con locura y no se mereció un final así.
1)
Me parece increíble…
Para comentar, discutir o continuar criticando a “Sara Carbonero”… varios espontáneos (incluido yo entre ellos) se atrevieron a exponer sus ideas
Ahora… que se trata de un asunto importante de verdad y serio… pues bueno… de momento sólo yo (aunque haya fútbol… esperaba más).
A los 14 años, aprobados todos los cursos de la E.G.B. (los de mi quinta que traduzcan para los niñatos), empecé 1º de B.U.P. en el “Instituto Ausiàs March”, en la Carretera d’Esplugues, en Barcelona. No sé si tiene algo que ver (probablemente influyó, y mucho, en mi educación, mi carácter, mi personalidad… pero no puedo asegurarlo) pero: a) era público, b) era mixto y c) estábamos en pleno gobierno socialista de Felipe González…
A los 15 años me convertí en “repetidor” y volví a pasar por ese mismo curso. De 10 asignaturas… ¡sólo aprobé 1!... en Junio (aún hoy reclamo de que, de las 9 que me quedaron para Septiembre, con la mayor cara dura, me saqué 7 y podía haber pasado a 2º con dos “colgando”… pero, para mejor educarme y usarme como ejemplo, simplemente, me suspendieron o “se me follaron” en una para obligarme a repetir).
¿Qué asignatura aprobé?
Al matricularnos debíamos escoger: ¿Ética o Religión?.
Como es obvio… ni Cristo se matriculó en Religión.
Como la clase de Ética estaba masificada, decidieron que sólo cursaríamos 3 meses.
A mí me tocó el primer grupo, el primer trimestre.
Es decir… sí, efectivamente… la única que aprobé en Junio… ¡ni siquiera era una asignatura completa!
Aún así… esos tres meses me marcaron significativamente.
La profesora, la filósofa Carme Granados, fumaba sus “Ducados” (¡para que veáis cómo han cambiado las cosas!...; exfumador, continúo escandalizándome con esas leyes nazis y fascistas que existen hoy contra los fumadores y contra las que nadie levanta la voz) mientras iba paseando de derecha a izquierda e iba “soltando su rollo” (indescriptible su explicación del nacimiento de Atenas… ¡todos los profesores deberían actuar así! –y digo “actuar” porque, como profesor, reconozco que interpreto un personaje frente a los alumnos– ).
Años más tarde me matriculé en la Facultad de Filosofía sin duda influenciado por esos 3 meses. Y por otros tiempos y personas también. Y allí terminé mi “de”formación estudiantil.
En esos 3 meses nos obligaron a leer 3 libros: “Yo, Robot” (Isaac Asimov), “Un Mundo Feliz” (Aldous Huxley) y “1.984” (George Orwell).
Nos “obligaron” es un decir…
Con 14 años y siendo un gallito, ya te pueden “obligar” ostias… que, si no quieres, no vas a hacer lo que te manden.
Pero algo debían de tener esos libros porque los leí.
En Brasil no es común tener libros en la sala de estar (una costumbre diferente como cualquier otra).
Yo no soy brasileño. Así que coloqué un estante en el “lugar de honor” de la sala (es decir, compartiendo protagonismo junto a la “tele”…; soy humano en la época actual… es decir… la televisión está en un lugar central de mi casa… y es la que manda y la que toma decisiones…).
Wendyypeterpan, gracias por la información, ni bien pueda pasarme por allí lo haré...
he sido operada de urgencia de cáncer de colon y páncreas.. luego 6 meses de quimio, bastante fuerte al parecer, ya que han pasado dos años y medio que terminé con ese horror, y aún tengo secuelas, y al parecer me quedarán algunas...
no tengo tacto, la yema de mis dedos dormidas totalmente. de la rodilla para abajo también, eso me provoca mucho dolor al caminar y luego de caminar, unos pinchazos tremendos. mis párpados arden cuando lloro o se mojan.. en fin el tema es que ni en broma vuelvo a pasar por la quimio... pero mi temor mayor es que pase lo que aqui se habla, que no me dejen morir en paz... no tengo hijos ni marido.. dispongo de mi vida y quiero disponer de ella hasta el final, nunca me asustó la muerte, pero si el "como"...
gracias otra vez y espero que me dejen firmar esa nota..
en la calle sagasta -6
direccion general de atencion al paciente
teneis la opcion de hacer un documento DOCUMENTO DE INSTRUCCIONES PREVIAS
EL CUAL SE OCUPA DE ESO, ALLI MISMO LO REGISTRAN Y PASA A TU FICHA MEDICA, CON ESE DOCUMENTO FIRMADO PERSONALMENTE SE AHORRARIAN MUCHAS MUERTES ASI.
todos los españoles tenemos derecho a nuestro TESTAMENTO VITAL yo a mis 56 años lo tengo hecho, y os aseguro que despues de hacerlo me he quedado mas tranquila,
repito la direccion para si quereis hacerlo,
DIRECCION GENERAL DE ATENCION AL PACIENTE
INSTRUCCIONES PREVIAS O TESTAMENTO VITAL
SAGASTA .6
COMUNIDAD DE MADRID
METRO RUBEN DARIO.
SI NECESITAIS ALGO MAS OS DEJO MI TELEFONO.600085255 SYLVIA.
Hace un tiempo mi estado sanitario sufrio un deterioro que me llevo a un quirofano en una operación de casi 6 horas, sentia que iba a salir de esa, pero la duda era hasta cuando, realize el documento de voluntades anticipadas que existe en Valencia, en el cual me niego a recibir ningun tratamiento que alargue la agonia del que ya se sabe en el final del camino, como permitir que mis hijos entonces con 10 años sufran mi lenta agonia, y no reconozcan a su padre en un cuerpo falto de energia, de vida, y envuelto en un halo de sufrimiento, estoy en espera de un transplante hepatico, una realidad que conozco desde hace mas de veinte años, y que encuentra su definición en esta epoca de mi vida, tengo buena calidad de vida, aunque pocas esperanzas de que sin está intervencion se pueda alargar mas de dos años, soy una persona muy feliz he disfrutado de mi vida muchisimo, y lucho dia a dia por que esto siga adelante hasta el final, y desde luego que ese final sea acorde a mis deseos, no tengo miedo al final, tengo miedo a la impotencia, al desanimo, al dolor, propio y de los que me rodean, a dejar de existir cuando mi corazón aun de vida a mi cuerpo, y mi mente no me reconozca delante de un espejo, miedo a dejar de ser yo, y pasar a ser nada, un saludo y muchos animos a todos los que teneis esos miedos, y vivir hasta el final.
Carme ChaparroPeriodista. Apasionada de la comunicación.
Presentadora y editora de Informativos Telecinco fin de semana. ¡Sábados y domingos a las 3 de la tarde y a las 9 de la noche!
Además: blogger de Msn.es, columnista en Mujer Hoy, InStyle y GQ.
Experta en formación de portavoces y gestión pública de crisis.
Y, desde hace unos meses, en el trabajo más importante de mi vida: mamá.
Sígueme en twitter: @carmechaparro
Suena fácil. Una hora de información en directo. Imágenes, sonidos y dos presentadores en plató. Pero no todo es lo que parece. Lanzar al aire un informativo es una aventura apasionante con muchas horas de trabajo y mucha gente dejándose la piel. La ley número uno de la televisión dice que siempre hay problemas, pero lo importante es que no se noten en casa. Os invito a esta aventura al otro lado de la cámara. Encendemos el piloto rojo, el regidor da la señal, cuenta atrás y empezamos. Gracias por leerme. Espero vuestra compañía.













