El extraño síndrome del arrejuntamiento playero
No falla.
Estás en la arena. Tranquilito. Leyendo un libro y, de vez en cuando, levantando la vista al mar mientras piensas que qué bien se está de vacaciones, que qué suerte tienes al haber encontrado esta playa inmensa, kilométrica, en la que apenas se oye la conversación de la pareja de la toalla más cercana, a unos cincuenta metros de la tuya.
Mientras te regodeas en tu suerte, y como no todo en esta vida puede ser perfecto, la burbuja estalla. De repente tu detector de peligro se activa: no los ves, ni los hueles, pero sabes que están ahí. Un escaneado rápido de tu campo de visión los coloca justo detrás tuyo: por el rabillo del ojo ves una masa que se mueve lenta pero inexorable hacia ti.
No falla.
La familia Tururú se aproxima. Los abuelos Tururú, con sus hijos e hijas, cuñados y yernos y nueras, nietos y nietas y, ya que estamos, también un par de amiguitos, no se vayan a aburrir los nenes. Cuentas trece personas con sus trece toallas. Diez sillas. Tres neveras portátiles. Tres, también, mesas plegables. Dos sombrillas. Una carpa. Y bolsas, muchas bolsas. Tienes miedo de lo que pueda salir de ellas.
Como la playa es inmensa, para no sentirse solos los Tururú deciden que van a instalarse justo a tu lado. Son muy amables, eso sí. Mientras invaden tu espacio te van saludando: –Buenas tardes –Buenas tardes- ¡¡¡Holaaaaa!!! -¿Qué tal? Hasta el perro parece hacerte una inclinación de cabeza mientras hurga en la arena hasta encontrar una capa húmeda y fresquita en la que tumbarse.

Mientras tanto, los Tururú van desplegando todo su arsenal. Se concentran primero en dos frentes: un grupo abre dos sillas para los abuelos junto a la orilla, mientras el otro despliega una carpa verdiblanca con más metros cuadrados que el salón de muchas viviendas. Después, y con una coreografía que podría ganar una medalla de oro (si el montado-de-campamento-en-la-playa fuera deporte olímpico) van colocando mesas, neveras, sillas, toallas, sombrillas y bolsas.
¿Dónde está el camión de la mudanza?, te preguntas, mientras que de las bolsas y las neveras va saliendo tupers y tupers de comida y latas de bebida y platos y vasos y copas y servilletas y bolsas de hielo y botellas de sustancias alcóholicas y pan y bolsas de patatas fritas y varios objetos aparentemente comestibles pero que no podrías adivinar qué son. Material suficiente, en fin para alimentar a media playa.
El olor a fritanga y mayonesa se extiende paralelo a la orilla.
Embotados ya tus sentidos del olfato y de la vista, el oído se retuerce al escuchar el click de un Mp3 conectándose a unos altavoces portátiles. ¡Bulería, bulería!
Tu cerebro decide entonces que no puede discernir el mundo con normalidad y que mejor pasar calor en casa.
-¿Pero, ya se va?, te preguntan. Tú bajas la cabeza porque si les miras no sabes si te va a entrar la risa o un ataque de llanto. –Sí, sí, ya me voy, es queeeee, tengo cosas que hacer, mientes. – Vaya, te contestan, si la hemos visto tan sola que (lo hemos hablado los hermanos y estamos de acuerdo) íbamos invitarla a comer con nosotros.
Sí, son encantadores, la verdad. Pero.... ¿por qué todo el mundo amontona en un sitio si hay playa y mar suficiente? El extraño síndrome del arrejuntamiento playero... o cinematográfico... o de un banco del parque... o...
Dispérsense un poco, por favor.
Sois una miaja exagerados en las críticas. En España todos hemos nacido en el seno de una familia tururú. Precisamente por eso, cuando huyes de la ciudad (o de la familia propia tururú), lo que menos te apetece es aguantar a otra familia tarará vociferando al lado. Así que no soy clasista, sólo me apetece estar a la bartola sin aguantar a nadie, al menos una vez al año. Estoy jartita de que la gente no entienda que la soledad elegida es una opción igual de deseable que estar rodeada de churumbeles y todo el equipamento de familiares incluido. Me es imposible ir a leer tranquilamente un libro a un parque sin que algún yayo o pelma (habiendo mil bancos vacíos) se siente al lado, pero no es por molestar, sino voy a hablar, y luego te cuentan su vida y obras. Entiendo que ellos no eligen la soledad, y que soy una egoísta, pero por favor, ¡DÉJEMEN DISFRUTAR DE MI SOLEDAD!! besos y feliz verano
Lo que describe el artículo es cierto, pero no solo con la familia Tururú. En general la mayoría de la gente tiende a agruparse por alguna extraña razón digna de ser estudiada por los mejores antropológos.
No entiendo este "síndrome playero", pero es agobiante e indescriptiblemente molesto para los que queremos disfrutar de la paz y la tranquilidad que ofrece estar a "cierta distancia" de nuestros semejantes.
Este sindrome me recuerda al de la gente q está haciendo cola en una caja de supermercado, habiendo unas cuantas cajas vacías un poco más lejos. O cuando estás de shopping mirando una cosa y se acerca una persona a mirar justo al lado tuyo lo q tienes en la mano indiscretamente.
Sí q es verdad q a veces somos como borregos pero quiero creer q la gente no lo hace con maldad para molestar o hacer q me vaya sin comprar ¬¬
De todas formas, el propósito de todos es el mismo: Disfrutar de la playa, Ser atendidos cuanto antes, Comprar algo q te interese, leer, estudiar, ver una pelicula, tomarte un café, etc. Si nos jode, tenemos q aguantarnos o unirnos y compartir, o mandarles a la mierda qué carajo! Porque si no hubiera nadie q viniera a jodernos un rato de tranquilidad ya los echariamos en falta o nos sentiriamos solo de verdad y empezaria la depresión, jajajaja
querida Carme, hay muchas familias que no tienen la playa cerca ni tantas vacaciones como tú y solo tienen un día o dos en todo el verano para disfrutar de la misma, por ello llevan tanto equipaje y enseres por lo que les pueda suceder y no tener que pedir nada a la típica niña bonita que pone cara de asco cuando los ve.
Si llevan tantos utensilios es porque no tienen la suerte como otras de tener el chalet a pie de playa o tener dinero para pagar un hotel a toda la familia.
Si no te gusta la compañía coge tu amaquita y tu libro y te retiras los metros necesarios que para eso la playa es muy grande.
Carme ChaparroPeriodista. Apasionada de la comunicación.
Presentadora y editora de Informativos Telecinco fin de semana. ¡Sábados y domingos a las 3 de la tarde y a las 9 de la noche!
Además: blogger de Msn.es, columnista en Mujer Hoy, InStyle y GQ.
Experta en formación de portavoces y gestión pública de crisis.
Y, desde hace unos meses, en el trabajo más importante de mi vida: mamá.
Sígueme en twitter: @carmechaparro
Suena fácil. Una hora de información en directo. Imágenes, sonidos y dos presentadores en plató. Pero no todo es lo que parece. Lanzar al aire un informativo es una aventura apasionante con muchas horas de trabajo y mucha gente dejándose la piel. La ley número uno de la televisión dice que siempre hay problemas, pero lo importante es que no se noten en casa. Os invito a esta aventura al otro lado de la cámara. Encendemos el piloto rojo, el regidor da la señal, cuenta atrás y empezamos. Gracias por leerme. Espero vuestra compañía.













