Hoy escribo mi primer post del verano
Vamos, que ya estoy de vacaciones, así que esperaba yo contaros algo fresquito, alegre, simpático, veraniego. Esperaba, en definitiva, estar escribiendo esto a la sombra de un árbol y con los pies en remojo en la piscina.
Pero no.
Cierto es que tardo siempre varios días en descomprimirme, que mi cabeza necesita un poco de tiempo para convencerse de que tiene unos días libres. Aunque ya os he contado otras veces que un periodista nunca descansa, y que lo nuestro con la actualidad es una adicción: estamos enganchados, irremediablemente enganchados.
Cierto.
Pero esta vez la vorágine con la que terminé el último informativo de la temporada va a hacer aún más difícil la semi-descompresión, porque todavía tengo en la cabeza las llamas devorando el Alt Empordà. Sigo viendo a esas personas ateridas deslizándose pendiente abajo. Sigo imaginando pesadillas con esa familia francesa que se vio acorralada entre el fuego y un acantilado.
Malditos los imprudentes. Malditos los que tiran colillas por las ventanas. Malditos quienes han provocado la muerte de cuatro personas y destruido uno de los paisajes más bonitos del país.
Hoy leo que un juzgado de Figueres ha abierto diligencias para investigar los incendios de La Jonquera y Portbou. En dos causas separadas, el juzgado tratará de dilucidar quién o quiénes iniciaron la tragedia. Porque el cómo ya se sabe; con colillas, colillas quizá tiradas desde dos coches en marcha: las llamas se originaron junto a una autopista y a una carretera. Conduzco, me fumo un cigarrito (mmm qué rico) y lo lanzo por la ventanilla. Una bomba de relojería siempre , pero tremendamente más peligrosa cuando se supera la regla del 30.30.30, como ese fatídico domingo: 30 grados o más de temperatura, 30 km/h o más de viento y 30 por ciento o menos de humedad ambiental.
El Cuerpo de Agentes Rurales ha localizado una de las colillas que originó uno de los incendios (el de La Jonquera comenzó en Le Pertús, en Francia, pero la tramontana lo dirigió con terrible rapidez a territorio español). Y va a buscar en esa colilla restos de ADN. Dado el estado de la colilla sería un milagro encontrarlos, y sería más milagro todavía que el ADN del fumador estuviera en la base de datos policial.
Así que las posibilidades de encontrar al autor son menos que mínimas. Pero ojalá sirva para meter miedo, para que los conductores-fumadores y sus acompañantes se lo piensen dos veces antes de tirar los restos de un cigarro por la ventanilla. Ya habéis visto lo que un insignificante trozo de colilla mal apagada puede hacer. Matar. Destruir.
Quizá los cuatro puntos del carné que te quitan por tirar una colilla no sean suficientes. Quizá habría que estudiar un castigo mayor.
De todos lon incendios que hay en españa, siempre an encontrado la colilla,( valla que suerte, se quema el monte pero no la colilla)nunca an encontrado al que prente fuergo
Carme ChaparroPeriodista. Apasionada de la comunicación.
Presentadora y editora de Informativos Telecinco fin de semana. ¡Sábados y domingos a las 3 de la tarde y a las 9 de la noche!
Además: blogger de Msn.es, columnista en Mujer Hoy, InStyle y GQ.
Experta en formación de portavoces y gestión pública de crisis.
Y, desde hace unos meses, en el trabajo más importante de mi vida: mamá.
Sígueme en twitter: @carmechaparro
Suena fácil. Una hora de información en directo. Imágenes, sonidos y dos presentadores en plató. Pero no todo es lo que parece. Lanzar al aire un informativo es una aventura apasionante con muchas horas de trabajo y mucha gente dejándose la piel. La ley número uno de la televisión dice que siempre hay problemas, pero lo importante es que no se noten en casa. Os invito a esta aventura al otro lado de la cámara. Encendemos el piloto rojo, el regidor da la señal, cuenta atrás y empezamos. Gracias por leerme. Espero vuestra compañía.













